Al buscar mi rostro en pequeños retratos de mi infancia no recuerdo los sueños que embargaban mis juegos. Ahora soy lo que me permito ser, y cuando la mañana se disipa para repasar en todos los quehaceres del día sospecho que me hace falta algo o tengo una tarea urgente que concluir. Posiblemente eso urgente es el grito de la niña que callé hace algún tiempo y que todavía desea conocer si estoy viviendo todo lo que su ánimo contempló.
Al buscar en la película de mi vida medito en los eventos que me hicieron fuerte y en otros tantos que endurecieron mi corazón. Meditar, quizás ese sea mi error, ¿por qué solo meditar? si lo que deseo es vivir y sonreír, saber que no solo camino por los años de la vida y más bien soy parte de la aventura que fantaseaba cuando era niña.
Muchos, si, muchos de nosotros olvidamos lo maravilloso de creer en un milagro. Creer que solo nos faltaba crecer un poquito para dejar de hacer caso a las limitaciones que inventaron los temores de esos días.
Silvia Solano A.
San José, Costa Rica
Al buscar en la película de mi vida medito en los eventos que me hicieron fuerte y en otros tantos que endurecieron mi corazón. Meditar, quizás ese sea mi error, ¿por qué solo meditar? si lo que deseo es vivir y sonreír, saber que no solo camino por los años de la vida y más bien soy parte de la aventura que fantaseaba cuando era niña.
Muchos, si, muchos de nosotros olvidamos lo maravilloso de creer en un milagro. Creer que solo nos faltaba crecer un poquito para dejar de hacer caso a las limitaciones que inventaron los temores de esos días.
Silvia Solano A.
San José, Costa Rica