En ocasiones la tristeza nos visita como el relámpago en una noche tranquila, en otras su sutileza es tan veraz que apenas y se percibe su presencia al llegar.
Tristeza nos paraliza cuando viene sin avisar, haciéndonos recordar que somos tan débiles ante el sentimiento de nuestra mente fugaz.
Somos personas con significado para otros, y esos otros tienen un pedacito de nuestro corazón, pero seguimos ignorando que están allí mientras pasa el tiempo como una nube gris. Esperando, así acaso pasamos todos, esperando unas palabras de quienes palpan ese sentimiento. Imperfección de nosotros también, porque no les decimos a ellos tampoco que tan importantes se cristianizaron en nuestro ser o un simple gracias por su existir.
En ocasiones no sabemos qué tan dentro están, hasta perderlas ante la muerte natural, natural para los seres humanos que no conocemos qué es ser inmortal. Natural porque no nos sorprende al pasar, solo sorprende la falta de tiempo o esa forma de racionalizar las horas que pasan sin frenar.
Llorar es nuestra forma de reconciliarnos con la visita inesperada de la tristeza, o por recordar que ya no se justifica una escusa para saber que pensabas tu de mi o yo de ti. Ya no estás y me hace falta saber que estás allí, sin importar nuestra interacción hace algunos años atrás, ya eso paso, ahora me queda el recuerdo de esos días que viví al lado de tu existir. Recuerdo, esa va a ser mi forma de saber de ti.
Silvia Solano
San José, Costa Rica
22-03-2010
7:00 a.m.
Tristeza nos paraliza cuando viene sin avisar, haciéndonos recordar que somos tan débiles ante el sentimiento de nuestra mente fugaz.
Somos personas con significado para otros, y esos otros tienen un pedacito de nuestro corazón, pero seguimos ignorando que están allí mientras pasa el tiempo como una nube gris. Esperando, así acaso pasamos todos, esperando unas palabras de quienes palpan ese sentimiento. Imperfección de nosotros también, porque no les decimos a ellos tampoco que tan importantes se cristianizaron en nuestro ser o un simple gracias por su existir.
En ocasiones no sabemos qué tan dentro están, hasta perderlas ante la muerte natural, natural para los seres humanos que no conocemos qué es ser inmortal. Natural porque no nos sorprende al pasar, solo sorprende la falta de tiempo o esa forma de racionalizar las horas que pasan sin frenar.
Llorar es nuestra forma de reconciliarnos con la visita inesperada de la tristeza, o por recordar que ya no se justifica una escusa para saber que pensabas tu de mi o yo de ti. Ya no estás y me hace falta saber que estás allí, sin importar nuestra interacción hace algunos años atrás, ya eso paso, ahora me queda el recuerdo de esos días que viví al lado de tu existir. Recuerdo, esa va a ser mi forma de saber de ti.
Silvia Solano
San José, Costa Rica
22-03-2010
7:00 a.m.
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