Una secuencia lógica traza nuestros ojos pero sin percibir el tiempo requerido por nuestras manos en el proceso del todo, mientras tanto el camino busca las huellas de esos pies desnudos para así recordarnos cuando éramos niños. Naturalmente abiertos a los nuevos olores del día y sin mancha alguna por conseguir conocerte en la esquina. El amor entraba un día por la puerta de enfrente y al siguiente sin avisar se perdía entre las voces de la gente, pero eso no importaba ya que el viento regalaba, en su cálido abrigo un nuevo regente que nos quitara el suspiro.
Cuando todo parece más complicado, menos sabor tiene de ello, así percibimos mucho al amor como una pregunta sin respuesta o perdido entre la prisa de nuestras mentes. De mil formas extrañas se cola en nuestras vidas y lo perdemos como si su tamaño no fuera suficiente para las quimeras inventados en nuestro inconsciente.
La decisión de querer va después de la disposición de aceptar quienes somos, no como un ente estático sino como seres humanos que necesitamos evolucionar en el tiempo y en la pluralidad de las circunstancias de la vida. Aunque el tiempo no sea perceptible, solo a través de años, a los sueños construidos, no debemos permitir adormecerlos por eso que tiene prioridad pero sin importancia para tu corazón.
Silvia Solano
San José, Costa Rica
16.08.2010
7:00 a.m.
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